La conciencia es algo cada vez más demandado en el sector textil y en AIBON no sólo nos interesamos por el medio ambiente, sino también por el estado de nuestros trabajadores.


La crisis sanitaria generada por el Covid-19 expuso uno de los mayores problemas de la industria de la moda: la deslocalización de la producción. Esto nos motivó a pensar en lo importante que es apoyar a las iniciativas locales, controladas y responsables. 


La deslocalización consiste en el traslado de una actividad industrial de un país o región de origen a otro donde las condiciones permiten disminuir los costes. Desde el punto de vista social, es la principal responsable de la explotación de los trabajadores de la industria textil, ya que las grandes empresas normalmente contratan a otras más pequeñas, que ofrecen reducir sus costes, perdiendo así el rastro y el control de quienes realizan las prendas y las condiciones en las que trabajan. 


Además, la moda se ha convertido en la segunda industria más contaminante del mundo, debido a la deslocalización. La gran distancia que hay entre los proveedores textiles, las fábricas y los puntos de venta, genera un traslado constante de prendas alrededor del mundo, generando una gran huella de carbono.


Una alternativa que intenta combatir la deslocalización y sus consecuencias ambientales y sociales es el Slow Fashion, que nos invita a dar valor a la calidad sobre la cantidad. Esto ayuda a que la industria de la moda sea cada vez más sostenible y amigable con el planeta, pudiendo controlar cada proceso para una mayor optimización de los recursos humanos y naturales.

Javier Gómez